Es hora de hacer las paces con tu espejo.
Desde bebés nos vemos condicionados a vivir de las apariencias. "¿Por qué lleva tu bebé un mono 'de chico' pudiendo llevar bonitos vestidos?" "¿Por qué le cortas el pelo a tu hija, es que acaso deseabas haber tenido un niño?" "¿Por qué dejas que tu hijo juegue con esos juguetes 'de niña', es que acaso quieres que se vuelva homosexual?" (como si el simple uso de un juguete determinase la orientación sexual de alguien).
Cuando somos bebés o aún no somos lo suficientemente mayores como para decidir nuestros peinados, nuestra ropa y con qué jugamos, nuestros padres se ven en la obligación de decidir por nosotros, y es entonces cuando empieza la presión social.
"¡Estos pantalones le quedarían genial a mi hija! ¡se vería tan bonita con ellos! Pero, ¿y si alguien me acusa de haber querido un niño? ¿o de no tener una hija lo suficientemente femenina? Mejor voy a buscar algunos vestidos." Esto, puede ser un pensamiento que le haya rondado la cabeza a muchos padres, por el miedo al "qué dirán", por el miedo a la sociedad, a no cumplir con unos "invisibles" roles de género, a seguir contribuyendo con una sociedad que influencia en cada decisión que tenemos que tomar en nuestra apariencia (o la de nuestros hijos).
Crecemos, la mayoría de la manera en la que la sociedad así lo ha dictado.
Empieza el colegio.
Eres una niña, pero vistes con chándal, qué pereza tener que estar decidiendo un conjunto diferente e incómodo cada día, ¿no? Pero (casi siempre) se acaba accediendo a la presión social, a esos comentarios de: "¿pero es que tú nunca te arreglas?" "¿es que no quieres tener novio?" ... ¡Como si con 10/12 años yo eligiese la ropa a las 8:30 de la mañana para buscar novio o para impresionar a la chica de la clase de al lado!
Pasan unos meses. Nadie te prestará atención ni serás importante si no empiezas a arreglarte, "¿por qué ahora?" -pensé yo- "soy solo una niña, la gente que se arregla tiene más de 18 años, yo no tengo por qué estar pensando tan pronto en maquillaje ni en arreglarme".
Pero la chica de la clase de al lado va siempre "tan guapa" (porque su belleza se definía en sus peinados de media hora que su madre le hacía y sus conjuntos de ropa bonita y cara), a ella siempre le hacen caso, todo el mundo quiere hablar con ella, tiene el pelo tan largo y tan bonito, esa ropa de marca que seguramente no le hará falta, pero... ¡le queda tan bien!
Empieza el instituto, puede que a ti te guste llevar el pelo corto, o demasiado largo, ¿media melena, quizá? El caso es que a mí se me ocurrió cortármelo de una manera un tanto extraña: corto por detrás y largo por delante, yo me sentía bien, porque me gustaba, aparentaba ser todo lo femenina que yo quería ser, sin tener que sufrir los horrores de una larga melena, pero claro, eso era algo raro, algo que nadie había visto y era fácilmente criticable... Y así fue.
Si eres una chica y acabas de empezar el instituto, quizá te "escondas bien" entre la multitud para no destacar, porque claro, al contrario de la realidad, que lo más bonito que te puede pasar es poder llegar a ser tú misma, en sitios como el instituto serás tratada como "bicho raro" por simplemente ser como a ti te apetezca ser. No puedes ir a jugar al fútbol porque quizá no vayas a aguantar los balonazos, eres demasiado débil... ¿y ellos qué saben?, finalmente, te acabas excluyendo a un grupo de chicas (si tienes esa "suerte") para pasar el tiempo libre, nada más que critican, porque es lo que se les ha enseñado a hacer: "Critica para que tu autoestima crezca, critica para sentirte mejor contigo misma, si las demás chicas son peores, tú serás la mejor." Pero tú no necesitas criticar a nadie, no entiendes el porqué habría que hacerlo, pero como casi siempre, se acaba cediendo, criticas el peinado de esa chica de segundo curso que ni siquiera conoces, criticas la chaqueta de flores poco apropiada para esa época del año que la otra chica de primero lleva.
Puede que empieces a arreglarte el pelo de otra manera y a llevar ropa que ni siquiera te guste, solo para hacer que la presión social pare, lo más importante era vivir por ganarse la aprobación de los chicos y la amistad de todas las chicas, pero, ¡PARA! Otra cosa viene como un camión de frente, NECESITAS la aprobación de los chicos para llegar a ser alguien en la vida de instituto, pero si la consigues, serás calificada de "puta" (y otros términos despectivos machistas) para arriba.
¿Qué sentido tenía eso? ¡Si ya había hecho por fin las cosas como parecía que todo el mundo quería que las hiciese! ¿Por qué ahora todo lo que recibo son insultos?
Porque la sociedad nunca estará contenta con ninguna cosa que implique a las mujeres.
Llega el verano, oyes a tus amigas hablar de que "ya hay que hacer dieta" y "empezar a depilarse"... "¿Cómo? ¿Tan pronto?" -pensé yo- "¿Por qué dietas? No estoy gorda" -respondí-, a lo que estas chicas, respondieron: "No hace falta estar gorda para hacer dieta, solo es para estar más delgada".
Yo no entendía nada. ¿Más delgada? ¿Para qué? Yo estaba bien tal y como estaba, ¿por qué tendría que hacer una dieta innecesaria para adelgazar más? ... ¿por qué tenía que depilarme si mis pelos no molestaban? ¿por qué tenía que quemarme la piel con cera caliente y sufrir un dolor innecesario si solo soy una niña?
Las preguntas que empezarán el odio hacia ti misma vuelan por tu cabeza como balas: ¿Estoy gorda de verdad? ¿No soy lo suficientemente guapa para que los chicos se fijen en mí? ¿Las chicas me han dejado de hablar porque no soy lo suficientemente simpática? ¿Soy mala amiga?
Los complejos empiezan a surgir en una niña llena de dudas, el espejo empieza a odiarme y a insultarme, me pone mala cara y deja de sonreír cuando paso al lado, ¿algún día haremos las paces?

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